cómo pedirle a Dios un milagro de sanación

Cómo pedirle a Dios un milagro de sanación

Tiempo de lectura:6 Minuto, 18 Segundo

¿Quieras saber cómo pedirle a Dios un milagro de sanación?

Muchos somos los que estamos pasando, o hemos pasado por situaciones en nuestras vidas las cuales nos han dejado secuelas a nivel físico, psicológico emocional, o espiritual.

A decir verdad, todos en algún punto de nuestra vida necesitamos algún tipo de sanidad.

Quisiera compartir contigo un mensaje de esperanza basado en una hermosa historia en la biblia en la cual un hombre recibió un milagro de sanación de Jesús.

Historia de un milagro de sanación en la biblia

En esta historia se desarrolla durante el ministerio de Jesús en su último viaje camino hacia Jerusalén.

“Después llegaron a Jericó y mientras Jesús y sus discípulos salían de la ciudad, una gran multitud los siguió.

 

Un mendigo ciego llamado Bartimeo (hijo de Timeo) estaba sentado junto al camino.

 

Cuando Bartimeo oyó que Jesús de Nazaret estaba cerca, comenzó a gritar:

 

«¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!».

 

«¡Cállate!», muchos le gritaban, pero él gritó aún más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!».

 

Cuando Jesús lo oyó, se detuvo y dijo: «Díganle que se acerque».

 

Así que llamaron al ciego. «Anímate —le dijeron—. ¡Vamos, él te llama!».

 

Bartimeo echó a un lado su abrigo, se levantó de un salto y se acercó a Jesús.

 

—¿Qué quieres que haga por ti? —preguntó Jesús.

 

—Mi Rabí —dijo el hombre ciego—, ¡quiero ver!

 

Y Jesús le dijo: —Puedes irte, pues tu fe te ha sanado.

 

Al instante el hombre pudo ver y siguió a Jesús por el camino.”
‭‭

Marcos‬ ‭10:46-52‬ 

Objetivo real de los milagros de sanación

Hay algo en la persona de Jesús que atrae a los seres humanos hacia sí.

Aun cuando algunos pueden preferir guardar distancia solemos ver a Jesús rodeado por muchas personas tanto hoy día como la mayoría de veces en los relatos de los evangelios.

En aquel día no fue diferente.

Muchas personas lo seguían por el camino mientras viajaba hacia otra ciudad.

Todas con diferentes intereses, sueños, anhelos y necesidades.

Algunas de esas necesidades eran satisfechas por Jesús, aunque en otras ocasiones las expectativas de las personas no estaban alineadas con la realidad de su ministerio.

La razón por la que Jesús estaba entre ellos superaba las expectativas terrenales de muchas de las personas.

La razón principal de su ministerio era el ganar y reconciliar los corazones humanos para con Dios.

Sus milagros eran una herramienta para ayudar a las personas en este proceso, el cual era aún más importante que el milagro de sanación mismo.

Conocer a Jesús de forma personal

Mientras transitaban por una ciudad llamada Jericó, un hombre ciego escuchó y sintió el alboroto. ¿Qué está pasando?, pregunta.

Jesús de Nazaret está pasando por aquí le contesta una voz compasiva.

Bartimeo, ciego por muchos años.

En su condición de necesidad y vulnerabilidad.

Abandonado y marginado por la sociedad, anhelaba poder tener la oportunidad de que sus circunstancias cambiaran.

Los rumores de los milagros de sanación de Jesús habían llegado previamente a sus oídos, y desde hacía algún tiempo anhelaba poderse encontrar con el porqué pensaba que en Él había esperanza.

Y como pasa con frecuencia en la vida.

Un día ese momento llega.

La oportunidad de su vida llega.

La oportunidad de conocer a Jesús en forma personal.

La oportunidad de abrazar la bienaventurada esperanza de algo mejor, y más trascendental que los atropellos a los que la vida lo había sometido.

Jesús atiende cada petición sincera de corazón

Se apresura a gritar desesperadamente entre el tumulto y el alboroto de la multitud: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!».

Una y otra vez cada vez más fuerte y con mayor temor de que el ruego que exclamaba no llegara a los oídos del autor de la vida.

Lo que Bartimeo no sabía aún, es que no hay petición sincera que se exprese con fe la cual Jesús no esté dispuesto a atender, valorar y darle una respuesta.

Sin importar cuantas personas a nuestro alrededor puedan intentar impedir que la presentemos.

Acepta a Jesús como tu salvador personal

Un detalle particularmente destacado de esta historia y que pienso revela la razón por la cual este episodio en particular es registrado en los evangelios, puede verse claramente en la afirmación de Bartimeo.

“Hijo de David”, lo llama.

El término “Hijo de David” era un término designado en aquel tiempo para el Mesías.

El enviado especial de Dios para salvar a la humanidad.

Mientras los dirigentes políticos y religioso de la región se negaban a aceptar que Jesús era ese Mesías prometido.

Los pobres y los tenidos por ignorantes podía ver sin prejuicios la realidad evidente.

Jesús era en efecto aquel quienes todos esperaban.

Cuando Bartimeo lo llama “hijo de David” está diciendo yo creo que tú eres quien dices ser.

Yo creo que tú eres aquel por quien hemos esperado.

Más allá de ser un maestro, predicador, un sanador o exorcista más.

Yo creo que tú eres aquel por quien tanto anhelábamos.

El Mesías prometido.

Creo que esa afirmación sincera fue la que hizo la diferencia aquel día en la vida de Bartimeo.

Cuando Jesús escucha aquellas palabras sinceras.

Son evidencia suficiente de que en ese lugar hay una persona que ha tomado un paso importante para que su vida sea redimida y transformada.

Aquel hombre cree en Jesús como el salvador prometido, aquel hombre busca la ayuda de Jesús sabiendo que Él es la mejor posibilidad que tendría en la vida.

El milagro de sanación más importante

La respuesta amorosa de Jesús fue atender la necesidad de un corazón sincero con el fin de ayudarlo a reconciliarse con Dios.

Jesús lo manda a llamar, y le presenta la frecuente y enigmática pregunta que solía hacer a muchos:

¿Qué quieres?

Interesante es que en su anhelo por redimirnos Dios no muestra desinterés por nuestros anhelos.

Jesús estaba ahí para darle vida eterna aquel hombre.

Sin embargo, su compasivo corazón quiere darle también lo que él anhela.

Aquel día Bartimeo pidió “ver” y tanto sus ojos físicos como sus ojos espirituales fueron abiertos.

Fue sanado de su necesidad física y de su necesidad espiritual.

Mantén tus ojos de Jesús no en tu necesidad

Jesús le contesta “Puedes irte, pues tu fe te ha sanado.”

Tu fe te ha sanado. ¿Fe en qué?, ¿en el milagro de sanación?, o ¿fe en el autor del milagro?.

Amigo por cualquier situación que atraviese tu vida en la cual necesites un milagro de sanación.

Sea física, emocional, psicológica o espiritual.

No dejes que tu interés por resolver tu necesidad aparte los ojos de aquel que puede resolverla.

Conclusión

Jesús está dispuesto a darte aquello que Él considere es mejor para ti en su infinita sabiduría e infinito amor.

¿Estás dispuesto a recibirlo en tu vida como el Mesías prometido? ¿El salvador del mundo? Ese es el elemento que hace toda la diferencia.

Esa es la primordial sanidad que necesitas.

La historia no termina con el milagro de sanación.

La historia termina con un hombre que sigue a Jesús.

Cuanto quisiera que esa empezara a ser hoy la realidad de tu vida.


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Bendiciones y un abrazo.

Cómo pedirle a Dios un milagro de sanación

Acerca del autor

Daniel & Jessi

Cuando mi mente se llenó de dudas, tu consuelo renovó mi esperanza y mi alegría. Salmos 94:19 | Yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. Jeremías 29:11
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