Qué es el legalismo significado bíblico

Veamos de qué se trata el legalismo significado bíblico.

Actualmente, me encuentro estudiando el libro de Romanos y el día de hoy me encontré con un pasaje que resaltó a mi mente. Desde mi perspectiva, el pasaje bíblico habla acerca del legalismo y por qué no funciona para los creyentes.

El día de hoy me propongo compartir ese pasaje contigo y hacer algunas observaciones al respecto.

Leámoslo juntos:

¿Qué concluiremos?

 

Pues que los gentiles, que no buscaban la justicia, la han alcanzado.

 

Me refiero a la justicia que es por la fe.

 

En cambio Israel, que iba en busca de una ley que le diera justicia, no ha alcanzado esa justicia.

 

¿Por qué no?

 

Porque no la buscaron mediante la fe, sino mediante las obras, como si fuera posible alcanzarla así.

 

Romanos 9:30-32

Lo primero que quisiera hacer para empezar a abordar el tema es definir lo que quiero decir al usar la palabra legalismo.

De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, legalismo se define de la siguiente manera:

Tendencia a la aplicación literal de las leyes, sin considerar otras circunstancias.

 

Formalidad o requisito legal que obstaculiza o impide el eficaz funcionamiento de algo.

Aunque la definición que se nos da del término es amplia, y a nosotros nos ocupa definirlo en el contexto religioso cristiano, creo que es un buen punto de partida.

En el contexto religioso cristiano, yo definiría el legalismo como el considerar, consiente o inconscientemente, que las normas o las formas son lo más importante en la vida espiritual, dejando de lado cosas de igual o mayor relevancia.

Desde esa perspectiva, los judíos del tiempo de Jesús y del apóstol Pablo se habían vuelto legalistas. Habían considerado que la ley (los diez mandamientos y otra serie de ritos y prácticas del Pentateuco) eran el fin último de la vida humana. Pensaban que era el vehículo por el cual Dios había destinado que el hombre obtuviera salvación y redención.

Sin embargo, poniendo su vista y su prioridad en esta premisa, habían confiado en sus propios méritos para ser justificados. Se habían vuelto arrogantes, orgullosos y críticos del prójimo.

Habían olvidado amar a los demás de manera incondicional, y su corazón se había endurecido hacia Dios y hacia el prójimo, poniéndose a sí mismos en el centro de su experiencia de fe.

Con frecuencia los cristianos podemos cometer un error igual o cuando menos parecido.

Los seres humanos inconscientemente queremos poner algo de nuestra parte para ganar la salvación, por eso intentamos ser buenos para que Dios nos apruebe.

Pero al hacerlo, podemos caer en el error de suponer que Dios nos aprueba por nuestros méritos y que somos mejores que otros, cuando en realidad solo podemos ser aprobados por los méritos de Cristo.

Lo que el apóstol Pablo nos dice en el pasaje es que los gentiles (los no judíos) encontraron justificación sin buscarla (por medio de las obras). Es decir, encontraron la salvación y la justificación delante de Dios por medio de la fe en los méritos de Jesús, sacándose a sí mismos de la ecuación.

Pero que los Judíos, habiéndose vuelto legalistas, buscaron la justificación exclusivamente por medio de la ley. Lo que condujo a que no la encontraran.

Por la sencilla razón de que la justificación siempre ha sido por la fe.

Lo que esto quiere decir, es que la justificación del ser humano depende exclusivamente de Dios y no de las acciones que nosotros hagamos.

Es decir, ser justificado no depende del individuo, depende de Dios quien nos justifica por medio de su hijo.

El legalismo no funciona porque pone mi mirada en mi mismo cuando debo mirar a Jesús.

Los judíos no debían haberse pensado perfectos y merecedores de lo eterno, sino que al contemplar la ley, reconocer su debilidad y su necesidad de la gracia de Dios.

Pero por estar pensando que la salvación dependía de ellos mismos, perdieron de vista y rechazaron a aquel que era la justificación hecha carne.

A Jesús.

Y el rechazar a Jesús significó rechazar la gracia de Dios y la salvación.

Para concluir, quisiera decir que con frecuencia nosotros podemos ponernos a nosotros mismos en el lugar de los judíos y creer que tenemos algo que ofrecer a Dios para ganarnos la salvación.

Pero quisiera recordarte hoy que no es así.

Si algo bueno hay en nosotros, si algo bueno podemos hacer, todo es un don de Dios para gloria de Cristo, no nuestro propio mérito.

La ley Dios, los diez mandamientos, son buenos y de bendición para nuestra vida porque, entre otras cosas, nos ayudan a transitar el sendero de la gracia y edificar un carácter a la semejanza del hijo de Dios.

Una vida apegada a las normas y las formas sin tener en cuenta que no son el medio para obtener salvación, sino que son un producto de mi fe en Jesús, es una vida que está apuntándole al blanco equivocado.

Está poniendo su esperanza en el Yo y no en el hijo de Dios.

Te invito a ver este video sobre ¿Qué es legalismo?

Espero que estas palabras hayan sido de bendición para tu vida.


¿Estás luchando con el legalismo? ¿Conoces a alguna persona legalista? ¿Cuál es la circunstancia por la que atraviesas? Déjanoslo saber en los comentarios.


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Bendiciones y un abrazo.

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